Mi decisión de crecer: Iván Cruz. Una experiencia de movilidad estudiantil

Fecha: 22 junio 2016 Por:Relaciones Interuniversitarias


Siempre me he considerado una persona sumamente indecisa y no exagero. Desde elegir qué sabor de refresco tomar, hasta situaciones más complejas como aventurarme a una experiencia de movilidad. Tardé un poco en escoger, pero creo que es obvia cuál fue mi elección y en este punto debo decir que no me arrepiento absolutamente de nada.

Al principio tenía miedo, pero eso es algo natural en los seres humanos. Quería conocer muchos lugares, quería conocer personas. Quería que las personas oyeran cosas de mí que jamás habían escuchado, y que vieran cosas de mí que jamás habían visto, pero para que esto ocurriera tenía que haber cierto sufrimiento. Cambiar duele.

La Ciudad de México me encanta, por esa razón la elegí. Está llena de lugares hermosos por descubrir, llena de oportunidades y llena de aventuras que esperan por nosotros a la vuelta de cada esquina, pero los lugares en sí no son los que nos llenan de felicidad y de experiencias, más bien son las personas que se cruzan en nuestra vida quienes lo hacen.

Recuerdo cuando era sólo una personita entre la multicultural multitud; en ese entonces, la aventura apenas comenzaba y, sin darme cuenta, el tiempo pasó velozmente.

Sin importar que tantos días pasaban, cada día aprendía cosas nuevas. Sigo aprendiendo sobre el mundo, sobre el bien, sobre el mal, sobre el modo de ver la vida de otras personas, y por supuesto, sigo aprendiendo de mí.

Me he dado cuenta de lo mucho que he crecido, lo mucho que he aprendido y cómo he cambiado gracias a todas las experiencias que tuve.

Jamás había estando tanto tiempo lejos de mi casa y mucho menos viviendo solo. Tuve que aprender a administrar mi dinero, pensar muy bien en qué gastarlo. Tuve que aprender a vivir con alguien con hábitos distintos a los míos, a lidiar con un roomie muy diferente a mí. Y, por supuesto, tuve que aprender a lidiar con esos sentimientos que nos hacen extrañar nuestra casa con todas nuestras fuerzas.

Durante toda mi estadía me sentí ciertamente melancólico, pero no considero que esto sea malo; así es la vida: llena de felicidad, pero también de cierta tristeza, que es buena y saludable para todos. Por un lado disfrutando mucho los días aquí, conociendo personas, saliendo de fiesta, estudiando. Pero siempre recordando el lugar de donde vengo.

"Pienso", "imagino", "tal vez", "quizá", "me doy cuenta". Uso mucho esas frases y es que sigo aprendiendo de esta vida y todo aquello que juzgue, vea, aprenda o escuche no es un veredicto final. Mi forma de pensar y de ver el mundo irán cambiando con el tiempo.

Hoy por hoy no puedo quejarme por absolutamente nada; la vida me regaló momentos, enseñanzas y hermosas personas que me cambiaron para el resto de mis días. Hice y deshice, reí, viajé, me desvelé estudiando. Soy un náufrago que exploró en una isla ajena a su pequeño puerto, no me perdí, no me fui. Sólo me alejé para poder ver mejor.

Y como siempre digo, hay que seguir intentando rifar en esta vida. 

 

Iván Rafael Cruz Figueroa.

Estudiante de Ciencias de la Comunicación.

Movilidad a La Salle,  Ciudad de México.


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