Una conversación con el Padre Sergio Fernando Hernández Avilés: “La vocación religiosa siempre es un don de Dios”

Fecha: 20 enero 2021 Por:Edmundo Gómez Martínez


Tuvimos oportunidad de platicar con el P. Sergio Fernando Hernández Avilés, Sch. P. (n. Puebla, Pue.) y quien desde el pasado mes de agosto se encuentra con nosotros  en el Centro de Estudios Cristóbal Colón, a cargo de la Vicerrectoría General de nuestra Universidad y como titular general del Colegio. Durante la misma nos compartió aspectos relevantes en los servicios que ha prestado a partir de su ingreso hace 41 años a la Escuela Pía, así como de su filosofía personal. Iniciamos la charla con una pregunta esencial, ¿en qué circunstancias surge en él la vocación religiosa?

“Creo que la vocación siempre es un don de Dios y la va marcando en el momento que considera oportuno a las personas que selecciona según su voluntad. Mi vocación fue naciendo desde el núcleo familiar en una familia creyente centrado todo en el amor; una familia numerosa con ocho hermanos. Ahí se empieza a cultivar la cuestión de la fe, el encuentro con Dios y el corazón para recibir ese llamado.”

Pese a que desde muy joven sintió inclinación hacia la Iglesia, el P. Sergio Fernando recuerda que su padre le recomendó consolidar más su vocación y estudiar una carrera que terminó siendo la de Contaduría Pública, en la Universidad Autónoma de Puebla, de la que se tituló en 1981, facultándole a ejercer como contador público y auditor.

Durante esos años de estudio –recuerda-, trabajaba al mismo tiempo en una fundidora y el ambiente laboral en el que atestiguó el proselitismo religioso haciendo campaña entre los compañeros trabajadores de un par de personas que no eran católicas, le refrendó su inquietud vocacional religiosa original. Antes, una amiga del bachillerato de religión mormona también le motivó para comprometerse más desde la fe. Así fue madurando en el el bachillerato y durante la carrera su propósito. Ahora bien, ¿cómo fue que optó por la orden de los escolapios?

“Son también los caminos de Dios. Tenía más cercanía con los jesuitas… Un amigo desde la primaria era maestro del Colegio Carlos Pereyra y me dijo que conocía a una persona que me podía orientar. La formación que yo tenía no era en colegios religiosos sino estatales militarizados; no hubo una influencia por ser un exalumno de colegio escolapio. Fue a partir de entonces que empecé a conocer la Orden, cuando él me llevó a los escolapios. Me gustó el carisma; siempre me ha gustado la educación, durante la carrera universitaria también daba clases. Me inquietó el magisterio más el camino del acompañamiento, a partir del encuentro con la Orden de los escolapios.”

Acerca de su profesión solemne, el 17 de agosto de 1985 en el Convento Franciscano de Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala, recuerda la coincidencia con su fecha de cumpleaños, pero ante todo cómo le quedó “…muy marcado el compromiso y el nacimiento a la vida escolapia en forma definitiva; una fecha muy significativa, muy consciente de lo que se hacía. Fue una ceremonia donde participaron todos los integrantes de la Viceprovincia, porque en ese tiempo se realizaba todo en el convento de Chiautempan: la entrada de los novicios, la renovación de votos y  la profesión solemne.”

Posteriormente, en los años ochenta, el P. Sergio Fernando realizaría sus estudios como licenciado en Pedagogía en la Normal Superior FEP; de bachiller en Teología y  de licenciado en Teología Moral en la Universidad Pontificia de México.

Sus obediencias como escolapio en todo este tiempo han abarcado responsabilidades tanto en su país natal como en el extranjero. Por su perfil económico ha recibido primordialmente encomiendas de corte administrativo al servicio de la Orden, desde que era novicio e incluso más adelante, hasta cooperar en la organización de la estructura de colegios como el Carlos Gracida, en Oaxaca, o el instituto José María Morelos, de Chiautempan y Tlaxcala, del cual fue contador y director. Ha participado en menor medida en la docencia, pero más en la formación de los jóvenes, como maestro de júniores.

En su momento fue convocado para nombramientos como los de superior provincial de las Escuelas Pías de México durante tres periodos; consejero en el Secretariado Económico de la Orden de las Escuelas Pías, animador del Sector Norte de las Escuelas Pías de América, coordinador de la Fundación Calasanz para la Juventud, asistente general de la Circunscripción Americana de las Escuelas Pías, presidente del Secretariado Económico de la Orden de las Escuelas Pías, así como superior de Presencia Escolapia y  formador de júniores y prenovicios en Ponce, Puerto Rico.

Ahora que se halla entre nosotros vislumbra importantes retos para  el Colegio Colón, además del equilibrio financiero fundamental para su subsistencia, apunta:

“Seguir fortaleciendo la calidad educativa que tiene el Colegio como una escuela calasancia; en él tenemos la oportunidad de poder empezar a trabajar con los niños con los que moldear y desarrollar la humanización; no con los jóvenes ya más avanzados de edad como los de universidad. Los alumnos pueden presentar situaciones de soledad y necesidad de ser escuchados, por lo que el colegio se convierte en su segundo hogar. Las acreditaciones y la calidad educativa son importantes, pero no hay que perder de vista como colegio de inspiración calasancia el desarrollo integral del ser humano. El colegio es un factor muy importante para que ellos fortalezcan de lo que pueden carecer  en su familia. Sentirse atendidos y amados. Si no se busca la calidad integral del ser humano y si no ponemos bases sólidas en el corazón y vida de los jóvenes hay una falla; estamos formando cerebros y máquinas; esa no es una educación desde la perspectiva calasancia. Hay que forjar seres humanos que desarrollen la parte intelectual, pero también los valores y principios. El Colegio Colón tiene el reto de fortalecer estos aspectos, en lo religioso, lo psicológico y lo emocional.”

En torno a los jóvenes, la suya es una visión esperanzadora, aunque reconoce que les ha tocado vivir en un mundo muy complicado, en el que aparte de la falta de principios pueden volverse sujetos de consumo en búsqueda de necesidades inmediatos, sin valores más solidarios y fraternos. “A ellos les corresponde volver a humanizar nuestro mundo y el reto de transformar el planeta que como adultos no les hemos sabido dejar adecuadamente. La Universidad Cristóbal Colón intenta precisamente no solo brindar calidad  académica profesional, sino también una perspectiva humana y cristiana para que los estudiantes cambien el mundo desde la profesión en que les toca comprometerse”, concluye.

Acerca de la pandemia por la COVID-19 y el duro año que nos ha tocado vivir, nuestro entrevistado reflexiona:

“La pandemia nos ha puesto a pensar sobre lo frágil que somos como personas pese a la aparente seguridad derivada de los avances tecnológicos y médicos. Cómo con este virus el ser humano se ha visto sobrepasado con todo y los avances científicos… Un punto de reflexión es que al estar confinado se le puede dar valor a los que están cercanos a nosotros. La tecnología estaba provocando asilamiento en el mismo núcleo familiar y social; se contaba con más amigos virtuales que presenciales. La parte positiva es que ha hecho que las personas se encuentren al interior de la familia, que sean fortalecidos los núcleos  familiares… La tecnología llega un momento en que cansa, los chicos manifiestan cansancio y dicen ‘ya queremos volver a la escuela y relacionarnos con compañeros’. Y es que existen aspectos del ser humano  fundamentales en su desarrollo como personas que no se cubren con una computadora en el modo virtual; pero es como lo tome cada persona; lo anterior puede conducir a violencia familiar si los miembros de familia no lo saben manejar”, concluye.

Entre tantas tareas que le implica su quehacer diario, ¿en qué se distrae nuestro entrevistado en el tiempo que le quede libre? Es aficionado a la fotografía y conserva, por ejemplo, los registros que ha tomado durante sus obediencias en las comunidades de Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala; San Pompilio y del Juniorato en Tlalpan, Ciudad de México; de San Pantaleo, en Roma (Comunidad Generalicia) y de Ponce, Puerto Rico. Le agradan además la observación de la naturaleza y los libros, entre ellos literatura y especialmente los relativos a la economía, para mantenerse actualizado.

Entrevista:

Mtro. Edmundo Gómez Martínez

Director de Comunicación Institucional e Imagen

Enero de 2021


 

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