Alumnos de primer ingreso de Arquitectura en el Centro Social Calasanz

Fecha: 8 septiembre 2018 Por:Extensión Universitaria


 

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A finales de agosto del año en curso, los alumnos del primer semestre "A "de la Licenciatura en Arquitectura visitamos el Centro Social Calasanz como parte de la materia "Persona y sentido de vida", que imparte el Mtro. Roberto Rosas Reyes, y tuve una de las más emotivas experiencias que he pasado, ya que al llegar me topé con la mirada de ilusión e inocencia de los pequeños que nos recibieron, además de que irradiaban mucha alegría.

Nos dieron un recorrido por las instalaciones y nos informaron todos los servicios que se ofrece a la comunidad, principalmente a los niños, a quienes se les da de comer las tres veces al día. También me sorprendió que cuenten con alumnos en servicio social de Medicina y Psicología. Lo más asombroso de esto es que todo se lleva a cabo gracias a las donaciones y el trabajo voluntario de mucha personas y empresas, principalmente de alumnos de mi universidad, así como de madres de familia de los pequeños quienes desarrollan diversas actividades para el bienestar de esos niños.

Después del recorrido llegó la parte más emotiva para mí, tuvimos la oportunidad de conocer de cerca a cada niño, eran muchas caritas que tenían una característica en común, las ganas de vivir y luchar con el apoyo de los que asistimos a ese lugar.

Me acerqué a una niña, le pregunté su nombre y su edad y grande fue mi sorpresa al saber que tenía once años, pero con una complexión como de siete años, además me comentó muy entusiasmada que ya se sabía la tabla del seis; después de hablar unos minutos más me dio un abrazo fuerte que sentí tan sincero que mi corazón se llenó de tristeza al no poder hacer algo más por ella. Me di cuenta que el cariño que los niños tienen para ofrecernos es de las cosas más valiosas y ningún objeto material impide que estos niños sean felices.

Al salir de ahí pensé que tenemos que aprovechar el hogar con el que contamos, la comida, el estudio pero sobre todo el cariño que tenemos y el tiempo que pasamos con nuestras familias; además me inspiró a pensar que tenemos la obligación de apoyar siempre a quien lo necesita.

Es por eso que invito a mis compañeros que nos pongamos en “los zapatos” de esos niños que nos necesitan, que pongamos un granito de arena por brindarles algo tan básico como es el alimento. Ayudemos con lo que podamos. Como dice la Madre Teresa de Calcuta “Hay que dar hasta que duela”.

Ximena López Flores

Alumna de 1º semestre “A” de la Licenciatura en Arquitectura

Coordinación de Desarrollo Social

Dirección General de Formación Integral

Septiembre de 2018

 

 


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